miércoles, 28 de noviembre de 2012

Udinese y el imperio Pozzo

Arthur Antunes Coimbra fue uno de los mejores futbolistas de la historia. Uno de los más grandes. Quizá algunos lean su nombre de pila y no sean capaces de ponerle una cara al asunto, lo cual resulta, verdaderamente, una injusticia poética que va de la mano del "no título" de la selección brasileña en el mundial 82. Justicia poética es un viejo tópico literario en el que, resumiendo, los buenos ganan y los malos pierden. Así que el término injusticia poética, de uso más reciente, es justo lo inverso (digo yo). Sin duda, un tanto absurdo esto de justicia o no justicia, porque en el fútbol esa balanza se inclina dependiendo de quién ponga las piedras en uno u otro lado, pero la realidad, y para concluir, es que la selección brasileña, (pentacampeona del mundo), no ganó la copa dorada con el que quizá fue su mejor equipo de todos los tiempos. Motivo al parecer suficiente como para que Zico no sea considerado como uno de los más grandes por la opinión popular. No he venido aquí a hablar de Brasil ni de Zico, pero me parecía importante contextualizar su figura antes de empezar a hablar del Udinese Calcio.

Porque este humilde club del Friuli, (norte de Italia), consiguió que Zico vistiera la zamarra blanquinegra entre los años 83 y 85. Udinese no tenía ningún título importante en sus vitrinas (esto no ha cambiado), y se trataba de un club ascensor cuyo mayor éxito en su historia se trataba de un cuarto puesto en Serie A conseguido en la temporada 1956/1957. Zico llegó, marcó 19 goles, y fue el segundo máximo goleador de la categoría, quedando a tan sólo uno de Michel Platini, que había jugado cuatro partidos más que él. Zico jugó un año más en Italia, aunque la siguiente temporada fue un calvario en forma de lesiones, lo que llevó al genio brasileño a volver a su Flamengo. Tiempo suficiente para considerarle un ídolo, y sirva como ejemplo que por aquel entonces, las noticias de su fichaje eran precedidas por titulares tales como: "Llega su majestad". Una etapa bonita e ilusionante, que no se transformó en forma de títulos, pero que se puede considerar precedente a los nuevos caminos del club friuliano, cuando en el año 86 Giampaolo Pozzo se convirtió en su nuevo propietario.

Giampaolo Pozzo, nacido en Udine en 1941, fundó en 1962 el Gruppo Freud en la ciudad, una empresa que se dedicaba a la fabricación de herramientas soldadas, y que con el paso de los años pasó a ser una de las más importantes fábricas de herramientas de corte realizadas con carburo, con más de mil empleados y con sede en varios puntos del mundo. La llegada de Pozzo al club en 1986 no fue de grato recuerdo, ya que Udinese descendió por culpa de un caso de apuestas, y en los años siguientes subió y bajó varias veces, hasta que el equipo se asentó definitivamente en la Serie A a partir de la temporada 1994/1995. Dicen que Giampaolo no terminó de dar nunca con la tecla correcta, hasta que en el año 93 su hijo Gino, que acababa de terminar sus estudios de Marketing, se incorporó al club. Es habitual que los dueños de los clubes de fútbol se empeñen en tomar decisiones deportivas (en muchos casos sin estar capacitados para ello), pero por lo que cuentan de Gino, y por los resultados que se han ido viendo, parece ser que el asunto es diferente. Muchos se acordarán de Andrea Carnevale, aquél delantero que compartió minutos de gloria con Maradona en el Napoli. Pues bien, Carnevale es hoy en día jefe de la sección de scout de Udinese, y habla maravillas de Gino, asegurando que sabe mucho de fútbol. 

A partir de entonces el club friuliano ha conseguido un crecimiento progresivo que ha encontrado su auge cuando al final de las temporadas 2010/2011 y 2011/2012 ha obtenido la opción de disputar la fase previa de la UEFA Champions League. La filosofía para conseguir tal éxito estaba bien definida: una red de ojeadores que apostase por futbolistas con un porcentaje de riesgo alto de que no resultasen apropiados, con la intención de tener los derechos federativos de muchos jugadores y que estos se formasen bien en el club, bien en el primavera, o a través de numerosas cesiones. El riesgo de mal resultado era alto, pero a cambio se asumían riesgos económicos muy pequeños y en el caso (como así ha sido una y otra vez a lo largo de los años), de que esos futbolistas se revalorizasen, el club recibiría sumas de dinero muy superiores a lo pagado anteriormente. Gracias a esta idea el club ha experimentado un crecimiento económico, puesto que ha supuesto su mayor fuente de ingresos. 

El comentario general durante estas últimas temporadas ha sido la asombrosa capacidad del club a la hora de reinventarse, tras haber perdido muchos futbolistas importantes. Desde los Pizarro, Iaquinta o Jankulovski, donde hay que mirar más atrás, hasta las vitales bajas de Alexis Sánchez, Inler o Zapata más recientemente. Lo sorprendente de Udinese ha sido conseguir mantener una línea regular en sus resultados a la vez que crecía económicamente gracias a sus traspasos. Sin embargo, este año han saltado las alarmas. La no clasificación a la UEFA Champions League frente al Arsenal fue un varapalo importante, pero algo entendible, siendo el verdadero golpe la eliminación a cargo del Sporting de Braga este verano. No solo el equipo quedó apeado de la competición que Guidolin (técnico del equipo) anhelaba disputar por encima que cualquier otra, si no que la forma de sufrirlo fue realmente cruel, en una tanda de penaltis en la que uno de sus recientes fichajes, el brasileño Maicosuel, erró su lanzamiento tras un disparo al estilo panenka. El equipo tuvo que jugar la Europa League (de la que ha sido eliminado en la fase de grupos), y en la Serie A se encuentra en el 12º lugar de la tabla. 

Mercado (2010, 2011, 2012)

1.2010 (+12.1 M€)



2. 2011 (+48.7 M€)


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3. 2012 (+7.5 M€)


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Capturas tomadas de la web soccerway.com

Solo en el mercado de traspasos, y sin contabilizar el ahorro en fichas de los futbolistas vendidos, el Udinese ha obtenido beneficios de 68,3 millones de euros en los últimos tres años. Como se exponía anteriormente, la política del club es evidente: comprar barato y vender caro. La otra parte lógica, es que muchos de esos futbolistas desconocidos que llegan a Udine se forman lejos del club. Para muestra un botón: la cantidad ingente de cesiones (y de copropiedades, aunque no aparezcan como tal*), que se muestran en las capturas previas son la prueba evidente. Los futbolistas se reparten por diferentes clubes, pero en este aspecto, Udinese también tiene una política marcada: la de los equipos llamados satélites. Un caso cercano es el del Granada, y es que la familia Pozzo invirtió en acciones del club andaluz en el año 2009. Gracias a su buena relación con Quique Pina (presidente), que además es el representante legal de los futbolistas del Udinese para cualquier operación en España, llegaron acuerdos en los que el Udinese pagaba parte de la ficha, (o la totalidad) de los hombres que marchaban cedidos, para que se fogueasen. Beneficio para ambos. El Granada llegó a primera división y algunos de los hombres de los que el Udinese posee los derechos han acumulado experiencia y rodaje. Las redes no se quedan en España, y es que la familia ha hecho algo parecido con el Watford inglés. La familia Pozzo compró el club en junio de 2012, puso a Gianfranco Zola en el banquillo y le ha cedido una cantidad ingente de futbolistas. El Watford, de momento, está en 8ª posición del Championship (2ª categoría del fútbol inglés). Hasta hace unos meses, los elogios se sucedían gracias a su fórmula. El club ingresaba dinero, y su rendimiento deportivo mantenía una línea regular. Ahora mismo, todo se ve desde otro prisma.

*Se pueden ver las resoluciones de las últimas copropiedades en este listado.

Evolución deportiva

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Y es que el Udinese no solo cayó en la fase previa de la Champions y se fue a casa en la de grupos en Europa League, si no que además se pasea por la mitad baja de la tabla de la Serie A. Históricamente, nada que reprochar, pero si se ve desde un punto de vista más reciente queda la duda de hasta qué punto es beneficioso para el club una política de venta a discreción. En tan solo dos años, han perdido a Handanovic, hoy día uno de los mejores porteros del mundo, a Isla, por proyección, considerados uno de los mejores carrileros del fútbol europeo, Asamoah, adaptado a la banda izquierda en la Juventus y probablemente siendo el más destacado del torneo en esa posición hasta el momento, Gökhan Inler, uno de los mejores centrocampistas de la Serie A, hoy en el Napoli, o Alexis Sánchez, que no necesita presentación después de su fichaje por el FC Barcelona. El año pasado Guidolin consiguió estirar el rendimiento de la plantilla, adaptando, por ejemplo, a Isla a la posición de interior, y siempre gracias al incombustible Di Natale. Hoy resulta más complicado. De los recambios, el único que rinde con regularidad es Brkic (y no es tan bueno como Handanovic), y la desesperación de Di Natale por lo poco que le ofrece el equipo es evidente. Se dice en Italia que Udinese tiene tantas vidas como un gato, pero veremos hasta qué nivel es capaz de rendir el equipo este año. Desde luego, parece que el sueño reciente de UEFA Champions League se esfumó con aquella panenka de Maicosuel. El momento en el que se empezó a tambalear el imperio Pozzo.

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