sábado, 14 de diciembre de 2013

Alexandre Song en clave Barça



Cuando Song firmó por el Fútbol Club Barcelona el discurso de Andoni Zubizarreta fue el siguiente: "Es un perfil que nos gustaba, era el primero en nuestra lista de prioridades. Tiene capacidad técnica, dominio de balón, conocimiento táctico y dominio físico." La cuestión es que no se equivocaba en absoluto, salvo, quizás, en la parte de que "puede adaptarse perfectamente a la posición de central". Cuando Song llegó a Barcelona, acababa de dejar atrás una brillante temporada en el Arsenal. Su rol en el equipo de Wenger consistía en acercarse a la línea de tres cuartos, siendo Mikel Arteta el centrocampista más rígido en el eje vertical de aquel doble pivote. El futbolista camerunés tenía total libertad para acercarse al área rival, y sirva como ejemplo un dato que define bastante bien el juego que desarrolló en su último año en Londres: 11 asistencias en la Premier League. 

El papel de Mascherano como defensa central dejaba a Song como primer recambio de Sergio Busquets. Es lógico que el camerunés, gracias a su buen nivel técnico, haya dejado en el año y medio que lleva en Barcelona buen sabor de boca en momentos puntuales, pero el recorrido del tiempo deja ciertas dudas con respecto a su utilidad en una plantilla tan necesitada -diría que más que cualquier otra en el mundo por culpa de la concretísima idiosincrasia del club- de una especificidad mayúscula, muy por encima de futbolistas totales. Gerardo Martino decidió utilizar de inicio contra el Villarreal al futbolista camerunés aún con Sergio Busquets en el campo. Este hecho, más la circunstancia de que en el banquillo estaban Xavi y Sergi Roberto, dejaron abierta la puerta a algunas reflexiones.

Busquets cuajó un partido imperial. En la inmensidad del Camp Nou, con tanto verde que abarcar una vez los culés han perdido mal la pelota -algo que este año sucede con demasiada frecuencia-, el de Sabadell roba una y otra vez. No es una cuestión de fondo físico -sin la información necesaria diría que en este tipo de tests, Song es superior a Sergio-, si no de pura lectura. Busquets es todo intuición y, una vez está cerca de la zona a la que esa intuición le ha llevado, su técnica defensiva hace el resto. En un Barcelona que asegura cada vez menos pérdidas de calidad, su figura se hace demasiado imprescindible, y para Song ese rol tan específico -no hay nadie en el mundo como Sergio para jugar en el Barça-, le queda demasiado grande.

Con Busquets en el campo, Song quedó como teórico interior derecho. Como dijo Zubizarreta, el camerunés tiene capacidad técnica de sobra para controlar bien el cuero, pasarlo con claridad e incluso dar pases decisivos. Pero no es una cuestión de atributos técnicos, si no de concepción de una idea. Los interiores del Barcelona tienen que saber regatear -que no necesariamente desbordar-, tienen que saber girarse, atraer rivales, dividir, guardar el cuero y desordenar al rival. Song, esa cualidad -el súmmum del juego de Iniesta y Xavi, el que se aprende en los parques cuando eres niño-, no la tiene. Él es más rígido con el balón, y a pesar de que le acompañe una capacidad técnica más que notable para recibir y pasar, su relación con el cuero, -la suya propia, él y el balón-, no transmite ser ADN Barça. En esas Song incluso voló hasta la frontal del área, buscando imponer su físico para rematar algún centro lateral tras las sempiternas rupturas de Alba y Montoya. 

La cuestión es que Song contra el Villarreal ha jugado en la que probablemente sea su mejor posición, y sin embargo ha parecido que estaba siempre desconectado de lo que realmente demandaban el juego y sus compañeros. La temporada es larga, las lesiones impronosticables y el entrenador blaugrana inteligente, y estos son los principales motivos para creer que un enorme jugador de fútbol como es Alexandre Song pueda acabar resultando importante en clave Barça. De momento, queda claro que un jugador total puede resultar menos útil que otro capaz de hacer muchas menos cosas, si las pocas que sabe hacer están estrechamente ligadas con las exigencias de su entorno. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Ranieri y el trineo

Un día me fui a esquiar con mi tío. Mi tío tenía entonces 64 años y pico, y llevaba trabajando toda la vida. Le quedaba para jubilarse un año menos un pico, y no había tenido contacto con el tema de la nieve nunca. Mi tía, muy precavida, le dijo que a dónde iba, que se iba a hacer daño y que el lunes no iba a poder ir a trabajar. Fue nombrar el asunto laboral y mi tío se subió solo en un trineo, y gritando como alma que lleva al diablo "¡a tomar por culo!" se lanzó colina abajo. No frenó de la forma más académica, pero por lo menos llegó hasta abajo y lo primero que hizo cuando soltó el trineo fue descojonarse.

A Ranieri se le ha asociado, desde que yo recuerdo ver esto del fútbol, con la idea más pragmática del asunto. El último precedente antes de que Dmitry Rybolovlev le diese las riendas de su majestuoso proyecto en Monaco fue en el FC Internazionale. Los ecos de Jose Mourinho aún retumbaban en el Meazza, y los fracasos de Benítez, Leonardo y Gasperini llevaron a Moratti a contar con un entrenador que por regla general, había garantizado objetivos. Gasperini llegó al Inter en el verano de 2011 después de un buen trabajo en el Genoa, pero tras cinco partidos el balance no pudo ser más espantoso: 1 empate y 4 derrotas. Ranieri recondujo el camino, y lo hizo coincidiendo con la lesión del que por aquel entonces era el buque insignia del conjunto nerazzurri: Wesley Sneijder. El holandés se lesionó con su selección y en el mes que estuvo fuera de la competición el equipo ganó 7 de los 8 partidos que disputó en la Serie A. Ranieri montó el equipo en un 4-4-2 muy básico, con Pazzini y Milito en punta y mucho juego directo. Cuando Sneijder se recuperó, el Inter perdió 7 de sus siguientes 8 partidos oficiales. Ranieri trató de meter a su jugador franquicia, pero las nuevas variantes tácticas resultaron un desastre y el técnico romano acabó siendo destituido a finales de marzo. Entonces pensé que lo que hoy estamos viendo en el Monaco sería imposible.

Desde el primer día en Ligue 1, en su debut contra el Girondins Bourdeaux, ya se vio en Ranieri una actitud atrevida, contando con Fabinho y Kurzawa como laterales -los más ofensivos de la plantilla-, siempre pisando campo contrario, y a pesar de que sin pelota el equipo se organizaba en un 4-4-2 más clásico, buscando salidas rápidas gracias a la tremenda velocidad de sus hombres de banda -Ferreira Carrasco y Ocampos-, la intención de que existiese cierto protagonismo con pelota en campo rival estaba ahí. Sin embargo, Ranieri no terminaba de soltarse. Moutinho arrancó la temporada lesionado y James Rodríguez atravesó una etapa en la que no tenía en absoluto el rol de titular. El Monaco iba sacando resultados pero en el debe del técnico romano estaba el hecho de que no conseguía hacer que las estrellas tuvieran continuidad en el once inicial. Sin embargo, todo ha cambiado en el último mes, donde un giro de tuerca en el planteamiento ha significado cuatro victorias en cuatro partidos, y a pesar de que Falcao arrastra problemas físicos que le han impedido ser partícipe de la racha positiva, el nuevo plan no presenta en absoluto un problema para que el delantero colombiano entre en la dinámica. En esos cuatro partidos (Nantes, Rennes, Nice y Ajaccio) el cuadro de Ranieri ha superado en posesión, pases completados, y oportunidades creadas a sus rivales, aunque, y a pesar de que el resultado del último fin de semana contra el Ajaccio fuese de tan solo 1-0, fue cuando la idea adoptó su punto más álgido.

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Ranieri está apostando por un juego bastante más asociativo, con cuatro centrocampistas por dentro: Toulalan como pivote, Obbadi y Moutinho como interiores y James Rodríguez completamente liberado. El cambio de esquema ha coincidido, además, con los mejores momentos del mediapunta colombiano en el principado. Los carriles exteriores son ocupados por los laterales -cierto que Raggi es un lateral más defensivo, pero el rol es de recorrido-, mientras que Kurzawa mantiene su papel profundo pero con el carril liberado. Los datos del último partido no engañan; 74% de posesión, 588 pases contra 165, y 22 disparos contra 5. Desde luego, la apuesta tiene sus matices negativos; ver hasta qué punto dos centrales como Carvalho y Abidal pueden sostener una estructura a tanta altura, y el hecho de que Ocampos y Ferreira Carrasco, dos de las grandes promesas que hay a día de hoy en el fútbol europeo, puedan ver cortada su progresión al quedar eliminado el rol de extremo al uso. De momento, los resultados mandan, y la nueva propuesta está funcionando. No he podido evitar mirar a Ranieri en el último mes y acordarme de mi tío. Claudio, a sus 62 castañas y a poco de jubilarse, me recuerda ahora mismo a él subiéndose al trineo y gritando: "¡a tomar por culo!". Estamos empezando a disfrutar de algo bastante apetecible en Monaco, veremos, si además, da para quitarle el título al verdadero gigante del momento en Francia; el PSG.


lunes, 2 de septiembre de 2013

Los primeros pasos de Blanc en el PSG

No empezó bien la temporada 13/14 del PSG -dos empates en las dos primeras jornadas- y Laurent Blanc ha empezado a buscar soluciones. En los dos últimos partidos el 4-4-2 de Carlo Ancelotti ha pasado a mejor vida y el nuevo técnico del conjunto parisino ha conseguido obtener sus dos primeras victorias consecutivas. Por supuesto, con bastantes matices, puesto que tanto Nantes como Guingamp -dos recién ascendidos- pusieron en serios aprietos al actual campeón francés. 


Laurent Blanc ha elegido un 4-3-3, eliminando el doble pivote, dándole un nuevo rol a Pastore, y encajando a Cavani en una posición en la que, por condiciones, podría funcionar perfectamente. Lo cierto es que a pesar de que las sensaciones generales es que el equipo es poco dominante, y transmite no ser capaz de sacar partido a tan voluminosa plantilla, estas bases que está asentando el técnico pueden tener un recorrido bastante competente en el futuro. 

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La fase de salida del PSG se forma con los laterales avanzando muchos metros, Motta siendo receptor entre centrales y dos interiores que ofrecen líneas de pase por delante. Es decir, una composición en la que Pastore puede tener más relación con el juego. Hasta el momento Marco Verratti no está teniendo protagonismo pero no es descabellado creer que en un período en el que se está asentando una nueva idea, Blanc considere más propicio utilizar a Motta para equilibrar las pérdidas. Un robo del rival significaría una transición con Alex-T.Silva-Motta para defender, algo más sólido que si es Verratti el que tiene que actuar como tercer central. Probablemente una decisión enfocada al hecho de que aún el equipo es bastante rígido en la circulación, le cuesta estar activado en el momento en que tiene la posesión y progresar con seguridad. Porque, a decir verdad, Marco Verratti parece el jugador más indicado para jugar en esa posición por delante de la defensa, un rol que encaja perfectamente con sus características. Es bastante lógico creer que no solo tendrá minutos, si no que si tiene apariciones continuadas la claridad del equipo cuando inicie jugada ganará enteros. Veremos si cuando esté más asentada la idea -y se hayan conseguido resultados- es así, yo sinceramente lo espero. Una estructura de salida ciertamente interesante, diseñada desde el hecho de ser cuidadoso con el equilibrio posicional y con interiores de distintos perfiles -Pastore para ser importante en la construcción, y Matuidi para estar más suelto y serlo en el robo-. 

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El comportamiento, o al menos la intención, en campo contrario, también tiene matices interesantes. Es cierto que en ese 4-3-3 es Ibrahimovic el que parte como 9 referencia, pero los mapas de calor adheridos -correspondientes al último partido de Ligue 1 frente al Guingamp- demuestran otra cosa. Ibrahimovic -mapa de la derecha- tiene la función de ser una línea más de pase entre los centrocampistas cuando el equipo está llevando a cabo su ataque posicional. Por supuesto, puede ser receptor de juego directo -donde es primerísimo nivel-, pero sus continuos movimientos de apoyo van a liberar la zona del '9' para una diagonal que Cavani puede llevar a cabo en muchos momentos. Esa agresividad de Cavani para atacar espacios, y el poder de atracción de Zlatan en 3/4 de campo pueden convertir el movimiento en una opción para agredir de mucho nivel. El mapa de calor de la izquierda, el del uruguayo, demuestra que a pesar de partir en derecha su rol estuvo absolutamente alejado de lo que se puede definir como el papel de un extremo. La izquierda, de momento, es para Lavezzi, pero las opciones son diversas. La posiblidad de que Lucas Moura asimile un papel para dar amplitud y profundidad conformaría un tridente ofensivo potentísimo y muy equilibrado.

Solo el tiempo dirá si las nuevas ideas de Blanc en París son o no efectivas, pero de momento parece estar dando los pasos correctos de cara a, primero, obtener resultados, intentando no conceder demasiado en la fase defensiva, y, después, a enriquecer el modelo potenciando a sus mejores hombres, de cara a poder avanzar lo suficiente para poder seguir evolucionando en el panorama europeo.